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Julián Weich: “Me crié en un hogar solidario”

Buena VidaPortadaSolidarios
Luego de hacer cima en el Cerro Aconcagua, el actor y conductor de televisión nos habla sobre sus desafíos personales y cómo las necesidades de la gente despiertan su espíritu solidario permanentemente. 
La solidaridad es su verdadera esencia y eso es lo que lo impulsa a llevar adelante cualquier desafío.
En marzo de este año logró llegar a la cima del Aconcagua junto al rugbier Ezequiel Baraja, con el fin de colaborar con la Fundación Baccigalupo, que ayuda a niños con discapacidad intelectual.
Además, es cofundador de Proyecto Agua Segura, una iniciativa solidaria que busca llevar agua apta para el consumo a diferentes comunidades del país, donde no cuentan con este servicio básico.
En diálogo con Milénica, Julián nos habló sobre sus desafíos personales y cómo las necesidades de la gente despiertan su espíritu solidario permanentemente. 

Sos una persona a la cual todos conocemos por colaborar ilimitadamente con la sociedad. ¿Creés que la solidaridad es lo que caracteriza tu esencia?

Me crié en un hogar solidario, no por tener mucho, sino por  estar atento a las necesidades del otro. Mis padres y abuelos se criaron en la humildad pero con un gran compromiso por el otro.
El hecho de trabajar en televisión hizo que se potencie mi capacidad de ayuda. Es más fácil concientizar cuando sos conocido. 

¿Cuándo sentís que comienza a inquietarte la falta de agua segura en nuestro país? 

Si bien siempre tuve conciencia ecológica, desde que estamos con Proyecto Agua Segura pude tener más información. Que  muera un chico en el mundo cada 90 segundos por diarrea, es suficiente.
Nuestro país no escapa a esta necesidad de agua segura. Recorriendo las escuelas rurales y viendo que toman agua de color verde, es suficiente.
¿Qué sentimientos te deja Proyecto Agua Segura en cada paso que van logrando?
Lo que más me gusta es saber que cuando les hablamos a los chicos en una escuela rural les estamos enseñando que el agua segura es un derecho y no importa quien se los dé, y que hay muchas enfermedades que se pueden evitar con el simple hecho de hidratarse o lavarse las manos.
¿Intentás lograr todo lo que te proponés, cueste lo que cueste?
Soy muy simple y mis objetivos reales.  La fantasía de salvar al mundo no me va, pero la fantasía de salvar a una persona sí. Siempre cumplí con los intentos de mis objetivos, que es más importante, en algunos casos, que el objetivo en sí.
Algo así pasó con llegar a la cima del Aconcagua, una cuenta que tenías pendiente y finalmente se hizo realidad. ¿Qué te pasó en ese momento?
En realidad no fue algo pendiente. En mi primer ascenso, hace 10 años, el objetivo fue documentar por primera vez para la televisión argentina el ascenso al Aconcagua.
10 años después, el objetivo fue sumar metros a beneficio de la Fundación Baccigalupo, y eso cambió el motivo.
Evidentemente queda demostrado que, cuando pensás en el otro, llegas más lejos, ¿no?

Foto: Matías Gutiérrez

Alguna vez dijiste que sos amigo de muchos trapitos de la calle. ¿Cuál es tu postura frente a este tema? ¿Creés que como sociedad seguimos haciendo oídos sordos a este tipo de situaciones?

Más que amigo, busco reconocerlos, los saludo, les pregunto algo. 

Lo que más necesitan no es la moneda. Lo que necesitan es sentirse incluidos y no que les subas la ventanilla. Los trato con respeto y, cuando puedo, también los ayudo con algo.

Por otro lado, la sociedad somos todos entonces, si le echamos la culpa a ella, nos estamos echando la culpa a nosotros mismos.

No nos gustan los chismes y tampoco nos dedicamos a eso en nuestra revista, pero no podíamos dejar de preguntarte por tu hijo Jerónimo. ¿Cómo fue acompañarlo de mochilero en un viaje de padre – hijo? ¿Sentís que entendiste qué es eso que lo hace realmente feliz, y que mucha gente no llega a comprender?

A los hijos hay que acompañarlos cuando ya son casi grandes. No ganamos nada con intentar convencerlos de nuestras frustraciones y aciertos. Yo simplemente a mis hijos los apoyo en sus ganas y deseos. Como padre siempre voy a estar, para cuando están bien y para cuando están mal, pero aprendí que no son míos, son hijos de la vida, y eso no quita el amor hacia ellos.

Luego de hacer cima en el cerro más alto del país, ¿qué otra cuenta te queda pendiente?

Todavía no logré bucear con el gran tiburón blanco…falta poco…lo voy a hacer.
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