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La Cumbrecita: encantador y natural pueblito cordobés

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Ubicado a 40 kilómetros de la histórica Villa General Belgrano y a 120 de la capital de la provincia, pareciera un lugar salido de cuento, donde las cascadas, los árboles y las flores son la principal decoración de este imperdible paisaje argentino.

Si hay planes de recorrer la zona de Calamuchita en Córdoba, además de darte una vuelta por Villa General Belgrano y sus alrededores, La Cumbrecita es un destino casi obligado para visitar. Un pueblito secreto que lleva la ecología, lo artesanal y la sustentabilidad a flor de piel.

Marcada por un estilo bien centroeuropeo, La Cumbrecita fue fundada por el Dr. Helmit Cabolsky, quien llegó en 1930 desde Alemania junto a su familia en busca de un lugar para vacacionar y poder instalarse temporalmente. Así fue como se encontró con un espacio de 500 hectáreas que, al poco tiempo se convirtió en un hermoso y pintoresco pueblo.

Aunque los árboles que integran el bosque parecieran ser autóctonos, supimos que fueron plantados tiempo después de que Cabolsky y su familia llegaran a Córdoba. Así fue como empezaron a plantar los pinos y abedules que hoy brindan el particular oxígeno que caracteriza al lugar.

Casi 100 años después, La Cumbrecita mantiene su equilibrio natural, a pesar del excesivo turismo que llega de todas las partes del mundo cada día y durante todo el año. La pureza del aire y el azul del cielo, son cosas poco vistas en lugares tan colapsados de gente, pero sus habitantes supieron encontrar el secreto para que eso no se pierda.

Peatonal y sustentable

La Cumbrecita mantiene dos reglas fundamentales que es necesario respetar al momento de visitarla.

Por un lado, es un pueblo peatonal, es decir, solo es posible recorrerlo caminando (aunque las bicicletas y los caballos de sus habitantes también son bienvenidos). Por otro lado, es pura y exclusivamente sustentable: la separación de residuos es tarea obligada de cada día, incluso hacen compost de los restos orgánicos lo que ayuda a reducir la basura; la mayoría siembra y cultiva su propia huerta; el consumo eléctrico es muy consciente, no se gasta más de lo necesario; y, por su puesto, se mantiene la limpieza de sus ríos, caminos y cerros.

Unas cuadras antes del ingreso al pueblo, se abona una entrada (en marzo de 2019 tenía un costo de $250 por vehículo) que incluye el estacionamiento, el acceso libre a las cascadas y cerros y a los baños públicos. No solo Venecia en Italia cobra para poder ingresar y sostenerse por la cantidad de turistas que llegan a la ciudad cada día. En La Cumbrecita, también pasa. Podés estar a favor o en contra, pero es una de las reglas que identifica a este pueblo natural y sustentable, para seguir manteniendo su esencia más allá del turismo masivo.

Cerro Wank

Si sos de los que busca el desafío de las montañas en cada lugar que visitás, este cerro es uno de los imperdibles de La Cumbrecita. El recorrido no implica más de dos horas de caminata, por un sendero limpio y de fácil acceso, guiado por flechas de madera a las que es necesario prestar mucha atención para no desviarse.

Antes de ascenderlo, te recomendamos llevar una mochila con agua y algunas frutas o alimentos livianos para recuperar energías y poder descender sin problemas. Un abrigo o impermeable no está demás, nunca se sabe cómo está el clima en la cima, y lo mejor es prevenir antes que curar.

Lo ideal es salir por la mañana, más tardar al mediodía, para aprovechar y disfrutar de unos mates calentitos en las frescas y ventosas alturas del Wank.

Una vez en la cima, un monolito que indica los 1715 msnm, espera a los caminantes para tomar hermosas fotos de La Cumbrecita desde arriba, una vista realmente impagable.

La mágica Cascada escondida

Después de recorrer el pintoresco pueblito, no hay nada mejor que tomarse un descanso en la Cascada escondida, un lugar natural entre las piedras y los árboles, que invita a disfrutar de unos mates o un rico almuerzo acompañado por el sonido del agua.

Para llegar es necesario atravesar el camino principal que parte desde el puente de la entrada del pueblo, hasta toparse con las grandes rocas que se ubican al final del sendero. Aunque la mayoría de los visitantes se quedan cerca de la cascada, vale la pena doblar a la derecha y asentarse en la playita de arena que se orienta hacia la olla.

Cerrar los ojos por un momento, respirar el aire puro y disfrutar de la naturaleza en silencio, puede ser un plan interesante para implementar en esta maravillosa cascada.

Artesanías y gastronomía

Inevitablemente, el 90 % de sus habitantes vive del turismo. Es así como, durante el trayecto de la calle principal, locales de indumentaria y souvenirs, invitan a llevarse un recuerdo de la tan maravillosa Cumbrecita.

Pero también los restaurantes, bares y chocolaterías ofrecen comidas típicas como la tradicional trucha, pastas, tortas y chocolates artesanales que no se pueden pasar por alto.

Pasar un día en La Cumbrecita es un excelente plan, pero hay tantas cosas por hacer que quedarse un fin de semana para recorrer cada rincón de este mágico pueblo no es mala idea.

 

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