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Mauricio Basso: “Siento que es mi momento de comprometerme con el ciudadano y dejar a un costado mi vida por un tiempo”

Milénicos
Joven, simple y con muchas ganas de hacer, Mauricio lleva la sencillez a flor de piel. Y es que con apenas 34 años, supo aprender de cada experiencia que lo fue transformando hasta convertirse en todo lo que es hoy. Con ustedes, Mauricio Basso, un milénico que se viene con todo.

En un tardecita algo fresca de este verano que supo apiadarse de nosotros, fuimos al encuentro con Mauricio. Ahí nos esperaba, en una de las antiguas sombras del Parque Islas Malvinas, donde las voces de los niños y el sonido de los juegos no pasaban nada desapercibidos.

Y mientras se prestaba generosamente para las fotos, caminando de un lado al otro, siguiendo las indicaciones del fotógrafo, nos íbamos preparando para descubrir su lado más humano.

Aspirar a gobernar una ciudad, no es poca cosa. Pero más allá de eso, Mauricio se pone la camiseta de su Rafaela natal, para caminarla y entenderla en todos sus sentidos, sin necesidad de cuestionarla.

“Mauricio es hijo de María Mercedes y de José Luis. Es el tercero de cuatro hermanos, tío de seis sobrinos. Y como persona le gusta el perfil creativo, el equipo, el diálogo, pero por sobre todo, el respeto”, nos cuenta  al momento de preguntarle quién es realmente.

“Es muy amiguero y muy perrero”, dice sonriente mientras acaricia a un perro que se acercó oportunamente como si lo hubiesen llamado. “Me gusta generar conexión porque, después de todo, lo que nos queda son las experiencias con los que elegimos”.

Más allá del desafío que tuviste que llevar adelante con la digitalización, ponés en primer lugar las relaciones interpersonales…

Toda construcción tiene que ser en conjunto porque sino sería una división. Construir siempre a partir del consenso, y eso requiere diálogo y se aprende cuando vas viviendo determinadas cuestiones y entendés que lo verdaderamente importante es lo humano, lo sencillo, lo más puro. Y todo eso son los vínculos.

Hace algunos años, Mauricio tuvo la oportunidad de formar parte del Ministerio de Modernización del Gobierno Nacional, un área nueva que nació ante la necesidad de incrementar la conectividad y la digitalización del país.

“Dentro del punto de vista político me tocó contribuir a todo el país, que fue una locura hermosa. Fue un triple desafío, o una triple enseñanza”, confiesa, recordando ese momento.  “En un ministerio promedio todo se maneja de manera más vertical. Pero en el de Modernización, lo que hacía era trata de generar un cambio dentro de la administración. Tenía que convencer que era necesario simplificar los trámites, capacitar a su gente, darle conectividad a los vecinos en los espacios públicos. Todo ese proceso lleva un desarme de algunas cuestiones y se trabaja todo el tiempo con la resistencia al cambio, generando una empatía con cada persona. Así que desde lo profesional aprendí un montón en gestión de municipios, y en lo humano hice muchos amigos en el camino”.

“Esto se armó de cero, no existía, y ser parte de una secretaría nueva en un estado tan viejo y tan atrasado, era como venir con un libro que sabíamos que no nos iban a comprar tan fácil. Fue una doble bendición: tenía un buen cargo con un trabajo en el que me tocaba viajar, pero sobre todo aprendí un montón de Argentina y de sus realidades en los distintos niveles”.

Pero después de enriquecerse profesional y personalmente con esa importante experiencia, decide volver a Rafaela, su ciudad.

En febrero de 2017 arranqué en política partidaria en la ciudad, y ya en 2018 empezamos a armar equipo.

Al rafaelino le pesa mucho alejarse de la ciudad, fue criado con un sentido de pertenencia distinto al de personas de otras ciudades.

 

Creo que pasa que queremos que Rafaela sea todo lo que pueda ser.

 

¿Cómo ves hoy a Rafaela?

Hoy la veo creciendo mucho, pero es una ciudad que está ahí, que necesita decir un poco más de lo que está diciendo. La veo callada, asustada, estancada. Como que quiere decir muchas más cosas, pero también está buscando crecer de otra manera.  Puede explotar y ser una ciudad muy vivible, una ciudad que brille por todo lo bueno que hace. No solo a nivel nacional, sino también mundial.

Cuando la ciudad empieza a crecer, viene también la inseguridad, la violencia. Esas son coyunturas de crecimiento que está tomando Rafaela  y es entendible.

Creo que con las decisiones y la gente adecuada, Rafaela puede dar nuevamente una sorpresa en lo productivo, en lo cultural, en la educación. Los ciudadanos tienen que elegirla para  vivir, no solo para trabajar, sino para disfrutarla.

¿Y cómo la ves de acá a 10 años?

La veo como una ciudad muy vivible, una ciudad protagonista que tenga nombre propio por un montón de cuestiones, a nivel nacional, mundial.

El mundo hoy es muy dinámico. Me gustaría que Rafaela dentro de 10 años sea una ciudad que le de oportunidades a todos, no solo desde lo laboral, sino en la calidad de vida.

Solucionar los problemas de empleo, pero agregarle valor a la vida de las personas: los espacios públicos para disfrutar, la agenda cultural, el movimiento gastronómico, el deporte, la educación.

Que no exista la malnutrición, que es un problema importante al igual que la desnutrición. Que el rumbo que tome la ciudad creo que va a ser un rumbo de una ciudad mediana bien consolidada. Principalmente creo que su gente va a construir ese camino, que es lo que ha hecho siempre. De pueblo prodigio a ciudad Perla, a ciudad mediana potente, diversa, inclusiva, vivible, entretenida.

¿Cuándo nace tu interés por la política?

La abogacía te da una base para empezar a entender cómo funcionan los órganos de gobierno, la república, la democracia. Pero el desafío de meterte en política es más personal.

Te entregás a que las personas decidan si lo que proponés es bueno o no, empezás a entrar en la opinión pública, y estoy agradecido porque fue una experiencia única haber trabajado con la gente. Pero tiene que ver más con mi rodaje de gestión, pensando en que si gestionamos bien las cosas andan mejor y dan mejores resultados.

Hay algo muy importante que hay que destacar. Cuando hacés política te vas a encontrar con dos personas: una que te dice que el país no va a cambiar, y otra que asegura que si no te involucrás, no te podés quejar. Eso me hizo un ruido ensordecedor y yo preferí escuchar a esta segunda, entendiendo que si no te involucrás sos más parte del problema que de la solución. La transición viene por ese lado.

 

No digo que todos se tengan que involucrar, pero lo recomiendo. Te da otra perspectiva y realmente aportás.

 

La abogacía fue una carrera que me gustó estudiarla, pero siempre trabajé en gestión privada. Hoy siento que es mi momento de comprometerme con el ciudadano y dejar a un costado mi vida por un tiempo.

 

¿Cómo tomó tu familia esta decisión?

Mi familia es mi familia y conoce un montón de procesos míos. Conoce mis inquietudes, el lugar desde el que yo debato con ellos, que es distinto. Y creo que se imaginaban un poco que era lo que quería hacer, sobre todo cuando les conté que me iba a trabajar a Buenos Aires, donde empecé trabajando como voluntario y afortunadamente me tomaron.

Mi familia me apoya mucho y estoy muy agradecido, sobre todo por la contención y el respeto.

 

¿Cómo te preparás para tu primera campaña como precandidato a Intendente?

 

Siempre digo que no es una decisión mía, es una decisión de todo un grupo que trabaja en propuestas, que quiere ofrecer algo distinto a la ciudad, que tiene ganas de meterse por primera vez en política. Entonces pienso que no soy en único loco, y hay mucha gente que pone el pecho y se empieza a involucrar con lo que está faltando en la ciudad.

Con la experiencia que acumulamos en todo este tiempo, desde lo técnico no me preocupa.

Nosotros proponemos, y si la gente confía en nosotros vamos a trabajar en todo lo que sea necesario. Eso me da tranquilidad.

Y desde lo humano lo trato de disfrutar a través de esta experiencia que hago por toda la ciudad, con todas las personas que me cruzo, que cada una me transmite sus necesidades, sus anhelos, sus ganas de ver a una Rafaela distinta.  

 

Ping pong milénico

Un color: el azul

Una pasión: música, la guitarra, es mi cable a tierra.

Un libro: De valores  y lecciones de vida “El Principito”, para crecimiento personal “El Arte de Amar” y el libro que me rompió la cabeza políticamente es “Por qué fracasan los países” de Daron Acemoglu que me dice “acá hay que vincularse”.

Una peli: me gustan las de Tarantino, me gustan las de Christopher Nolan, pero la que más me marcó fue “Dumbo”, por la pluma, “tenemos que animarnos”.

Alguien a quien admires: a mi abuelo por su persistencia, y a Messi por la sencillez que tiene para el talento que tiene.

Tu lugar en el mundo: todos los sábados comemos milanesas con mi familia. El lugar es indistinto, lo importante son mis viejos, mis hermanos, mis sobrinos y mi novia.

Un sueño por cumplir: Ser papá. Ahora tengo toda la energía puesta en esto, pero es lo que más me conmueve.

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