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“Otros problemas de humanidad”: desde Uruguay al Festival de Teatro de Rafaela

PortadaPura culturaTeatro
Dirigida por Sebastián Calderón e interpretada por José Pagano, Laura Martínez y Cecilia Yáñez, este espectáculo nos invita a descubrir  historias cotidianas que suceden en una misma casa, a través de diferentes maneras de ser y de pensar.

“Tres amigos conviven juntos e intentan desarrollar sus capacidades artísticas y humanas mientras los días avanzan sin pausa.
La vida es lo que pasa entre que se sientan en la mesa y se sientan en la mesa de nuevo. 
Quieren ser felices pero no les sale.
Quieren ser personas.
Pero es difícil ser persona”.

Así se explica brevemente esta historia. A la vez llena de incertidumbres acerca de la eterna búsqueda de saber quién es cada uno, y de ese insistente “querer ser” que no los deja dormir.

Mimetizándose constantemente entre ellos, José, Laura y Lucía comparten sus vidas en una misma casa. No saben bien qué es lo que buscan, pero lo que sí saben, es que no podrían desprenderse uno del otro en este camino de angustias, de fracasos y de deseos.

Dirigida por Sebastián Calderón e interpretada por José Pagano, Laura Martínez y Cecilia Yáñez, este espectáculo nos invita a descubrir historias cotidianas que suceden en una misma casa, a través de diferentes maneras de ser y de pensar.

Este jueves “Otros problemas de humanidad” llega al Festival de Teatro de Rafaela, pero antes de eso, nos contactamos con este maravilloso elenco que, sin dudas, hará lo imposible para emocionarnos.

Todo lo demás, te lo contamos en esta cálida e interesante nota.

¿Qué pasa entre estos tres amigos que conviven en el mismo lugar?

Para estos tres amigos “La vida es lo que pasa entre que se sientan en la mesa y se sientan en la mesa de nuevo”.

Entendemos que se encuentran en su casa a compartir sus frustraciones individuales, a soportarse (un poco porque los amigos están ahí para bancarse en la que sea y otro poco porque el alquiler sino sale muy caro) en sus miserias que surgen de historias distintas de cada uno pero pueden por momentos parecer confluir hacia el mismo lugar: la casa.

En ella, los personajes mimetizan sus deseos, manifiestan necesitarse y a su vez no pueden entender del todo lo que le pasa al otro. Quizá porque tampoco tengan muy claro qué pasa con ellos mismos como individuos. A pesar de esta situación –a priori- angustiante de mostrarse rotos o incompletos, algo en el otro nos aporta la esperanza de que en su cercanía pueda redefinir u orientar la propia comprensión de la existencia y hacer la misma más llevadera. Reafirmando su individualidad más por contraste con el otro que por mera voluntad propia.  “No puedo pensar en mí. Yo no reconozco nada de mí. Solo puedo pensarme a través de ustedes” Dice uno de los personajes en clara alusión a la construcción de su identidad.

¿Qué rol juega la imposibilidad del querer ser algo o alguien en esta historia?

El “querer ser” es un motor fundamental para los personajes de la obra y también es un aspecto primordial en el plano argumental. Provee de una energía especial y muy característica al desarrollo de la acción y en conjunto con la imposibilidad de conseguir ser “aquel” o “aquello” que se desea, lo que brinda un contrapunto emocional potente, de forma que se conjuga la tensión fundamental del espectáculo. Incluso dentro de los engranajes internos que hacen funcionar la escena -por detrás de lo que llega a manifestarse de forma concreta hacia la platea- como equipo tenemos también secretos en ese sentido que sustentan esa energía. La obra también quiere constantemente “ser otra obra” y le es imposible.

¿Cuál es el mensaje que quieren hacer llegar al público?

En esta obra, fiel a su construcción, que puede perfectamente asociarse con una sucesión de descubrimientos y no tanto con una decisión a priori de trasmitir un mensaje, quizá nos alcanza con mostrar una impresión subjetiva y no una realidad objetiva o una reflexión crítica sobre los temas que se abordan. Que, además, son múltiples y variados : la frustración, la convivencia, la necesidad del otro y el dolor por su ausencia, el ser joven y artista en nuestro país, etcétera.

Intercambiando impresiones con los espectadores, hemos recibido devoluciones y lecturas muy variadas sobre significados encontrados en lo obra que nosotros nunca consideramos pudieran desprenderse de ella. Algunos mas bien  divertidos. y otros (para nuestra sorpresa) de una profundidad de la que quizá no fuimos conscientes durante la construcción.

Entonces, la obra habla de lo que interpela al espectador, la enumeración de los tópicos es algo que ahora podemos hacer luego de haber expuesto varias veces nuestro material. Pero no ha sido así siempre.  Y quizá, esta sea una de esas respuestas que muta con el tiempo.

¿Qué les pasó al momento de enterarse que habían sido seleccionados para el Festival de Teatro de Rafaela?

Mucha alegría y satisfacción de encontrarnos ante la oportunidad de viajar haciendo lo que amamos.  Tener la posibilidad de que Rafaela sea el primero de nuestros destinos,  le da un sabor ESPACIAL a todo el asunto. Nuestra obra se gestó con un perfil bastante under (si es que eso existe) dentro del circuito teatral montevideano. Fuimos bien recibidos en primera instancia por amigos, familia y colegas cercanos que ayudaron a difundir con el boca a boca. Pero para el segundo año, entendíamos que si queríamos seguir haciendo la obra, algo en nuestra forma de difusión debía cambiar porque la cadena se cortaba ahí.

 La decisión fundamental que tomamos fue anotarnos al Festival Internacional de Artes Escénicas del Uruguay, donde tuvimos el privilegio de formar parte y ser vistos por los programadores que, de alguna forma, son los que nos han enlazado con este y otros festivales por venir. No podemos decir que nos tomó de sorpresa, pero entendemos que en función del recorrido de nuestra obra y siendo nosotros mismos quienes nos producimos, es un gran logro de autogestión que  -probablemente por eso- celebramos aun con más ímpetu.

 

¿Cómo ven al teatro en Uruguay actualmente?

Hay muchísimas forma de hacer teatro en Uruguay. Todas tienen sus características específicas y aquellas personas que eligen hacerlo de tal o cual modo es porque seguramente encuentran más placer en realizarlo según esos parámetros.

Lo que tiene más visibilidad son los elencos estables, La Comedia Nacional, el elenco municipal que expone la gran mayoría de sus obras en el Teatro Solís, tiene los mejores medios de producción; pero eso a veces no repercute en la calidad de sus espectáculos. Tiene que responder a muchos intereses, y también es cierto que a veces da acceso a obras que de otra manera no se podría llegar, quizá es lo que es debido a sus límites. Eso sí. Los trabajadores vinculados a ese elenco tienen un sueldo por hacer teatro. Algo poco común en el resto de los colegas del medio y que nos parece ideal.

Hay teatros independientes que son llevados por elencos de esos mismos espacios. Teatros históricos que han significado muchísimo para la cultura de nuestro país en tiempos controvertidos,  donde el estado ejercía un rol represor hacia la cultura. Entonces esos grupos funcionaron como espacios de resistencia, allí asumieron riesgos y resignaron parte de su vida por defender las ideas. El teatro como herramienta contracultural y esos hacedores como seres profundamente políticos. Fundamentales para la historia de nuestros país y que hoy día (en otro contexto histórico) se ven a veces determinados por los costos de mantenimiento de sus salas, o por el valor simbólico que esos teatros tienen, no permitiéndose siempre la exploración de nuevos caminos artísticos. Reciben apoyos y subvenciones de forma frecuente y, si bien no son estatales ni se jactan de serlo, parecieran estar a mitad de camino entre la independencia total y la correspondencia al lugar simbólico que ocupan.

Esto, siempre en nuestra opinión, a veces termina repercutiendo en la calidad de los espectáculos que se generan. Tal vez por una falta de renovación (de la que se han dado a cuenta y están ahora integrando nuevos artistas a través de la reapertura de sus espacios formativos) la calidad de los espectáculos puede variar. Otro de los puntos a favor que tienen es que cuentan con la posibilidad de pagar los derechos de montaje de textos que si no fuera por ellos o por la mencionada Comedia Nacional, no tendríamos posibilidad de conocer.

Por otro lado hay un crecimiento de la oferta del teatro comercial en los últimos meses, con buena recepción de la gente. Muy probablemente se deba al consumo constante de este tipo obras del otro lado del Río de La Plata y que mucha gente se toma en serio y trabaja para ello. A veces son producciones de mucho rigor, profesionalismo y eficacia. Otras simplemente no. No son espectáculos para ir a descubrir un nuevo lenguaje o una nueva estética y, al parecer, hay espectadores que, conscientes de ello, deciden acercarse a las salas. No tenemos una opinión al respecto, simplemente existe. Suponemos que puede ser valioso si representa una puerta de ingreso a otras formas de teatro, o quizá tampoco haya que pretender eso…

Además de esos elencos independientes, los elencos estables, el teatro “comercial”, están los “artistas independientes”. Aquellos teatreros – en general directorxs o dramaturgxs- que han sabido (a base de trabajo) y búsquedas riesgosas, cosechar buenos resultados tanto dentro como fuera del país. Viajan a mostrar sus trabajos, dan talleres, se forman, realizan residencias, escrituras por encargo, publican libros, etc.  Gozan de una buena reputación y eso conlleva una responsabilidad que -a veces- puede llegar a limitar su práctica, debiendo adaptarse a los deadline o a los criterios de producción de los teatros donde sus obras serán estrenadas. Pero son artistas que han sabido elegir el lugar que ocupan y las reglas de juego a asumir dentro de esos parámetros. Eso no significa que todos los demás quieran ocupar ese lugar, pero si hubiera que hacerlo, seguramente los pasos a seguir serian similares a los que ellos han tomado. Algo importante: logran vivir del teatro.

Los independientes de lo independiente

En los últimos años se ha dado una explosión de grupos de jóvenes artistas que deciden embarcarse en el proyecto de la obra propia. Escrita, dirigida, actuada, diseñada y producida por ellos mismos. Esto involucra emocionalmente a todas las partes, generando instancias de comunión potentes y de identificación y defensa de lo realizado.

Como no hay dinero ni un teatro esperando por el estreno, se pueden dilatar los procesos, las etapas de investigación tienen posibilidad de desarrollarse sin tanta limitación y por tanto se genera un terreno fértil para la creación. Como contrapartida, que todos quieran hacer todo, a veces lleva a estar a una misma persona en 4 o 5 obras en simultáneo y, el que mucho abarca…

También es importante mencionar que en general estas personas no viven del teatro sino que deben ejercer oficios desvinculados del quehacer teatral, y sus obras se financian, en el mejor de los casos, con la obtención de algún fondo, y si no se hace igual, realizando otras formas de financiación (fiestas, bailes, ferias americanas, etc.)

Con mucha vergüenza, debemos comentar que, a pesar de la longitud de la respuesta, hemos hecho mención a dinámicas que suceden básicamente en la capital del país. Pero también hay mucha gente trabajando con cada vez más profesionalismo en el resto del territorio. Sin embargo, a pesar de algunos esfuerzos aislados y algunas políticas públicas que intentan romper este esquema, aun falta terreno por hacer. Eso nos incluye a nosotros los artistas, que a veces estamos más pendientes de lo que sucede o viene de Argentina y no nos detenemos a observar en profundidad las características de nuestro teatro mal llamado “del interior”.

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